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Errores astrológicos: Los domicilios de los transaturninos

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Ptolomeo nos legó un esquema de los domicilios planetarios muy sencillo.  Adjunto el dibujo a la izquierda (los colores no son los de los signos, sino de los planetas).  Como se puede ver claramente, se parte de la Luna (solsticio de Cáncer) y del Sol. Cada uno de los luminares tiene un solo domicilio y luego los demás planetas se reparten por los signos contiguos, por orden astronómico, con dos domicilios cada uno.

Pero esto necesita un descriptaje, ya que en realidad no se puede entender si no se manejan los conceptos simbólicos expresados en este reparto.  Ellos hablaban para personas que conocían esos conceptos simbólicos básicos, pero no es el caso en la actualidad.

1-¿Por qué se parte de los luminares?

Debajo de la astrología hay una filosofía implícita.  Esa filosofía tiene una base neoplatónica.  Hay una incógnita que ellos llaman “Dios”.  Se le puede llamar de otro modo si uno no quiere usar esa palabra.  Es el punto de inicio inamovible y eterno que contiene todas las potencialidades, pero que no es eso o lo otro.  Es la esencia del ser. Y digo "inamovible" porque sólo puede ser eterno lo que no cambia.  Todo lo que cambia es dual (ya que si cambia, será a mejor o peor) y lo que es dual muere alguna vez.

De algún modo, en algún momento, se produce una “emanación” de ese primer punto de partida, de ese “Dios”.  Esa emanación es luz pura.  Ojo que no estamos hablando sólo de luz física, pues la luz es todo a la vez, espiritual y física, interna y externa.  Esa luz contiene la información de la potencialidad del ser, ya que, aunque no es él, es una imagen de él.  Con dicha información estructurará la materia, dándole forma.  Pues la luz es la matriz de todo.

Obviamente, desde el momento en que existe ese destello de luz ya hay dos cosas (el punto de origen llamado “Dios” y su destello), por lo tanto, la DUALIDAD es inherente a la existencia.  Dice Plotino: “En un principio lo que se piensa a sí mismo no está separado de lo pensado.  Puesto que está unido a sí mismo y se ve a sí mismo, es una unidad.  Pero al mismo tiempo, a partir del momento en que piensa, es una dualidad, porque está la acción de pensar y aquello que es pensado”.  La acción de pensar es la luz emanada y aquello que es pensado es el “Dios” primordial.

En el mundo físico, la imagen de esa luz emanada es el Sol, pero no olvidemos que la luz solar sólo es una percepción sensorial.  El concepto astrológico de luz es algo que va mucho más allá del Sol.  El Sol va representar en astrología el llamado “CALOR RADICAL” (según el vocabulario clásico), entendiendo por “calor radical” esa luz primera que percibimos a través de él.

Pero si uno habla con un electricista, le dirá que la electricidad (la energía) sólo se puede usar si hay un TRANSFORMADOR.  El transformador la convierte en una corriente que nos sirve para poder usar los electrodomésticos. ADAPTA esa corriente.  A eso los astrólogos lo llaman “HUMEDAD RADICAL”.  Y mira por donde, “humedad” no significa necesariamente agua.  Es una forma de ser y actuar.  Es la capacidad de adaptar y transformar la energía, como lo hace el transformador con la electricidad.  En el mundo sensorial, esto se adjudica a la Luna, porque es el segundo cuerpo celeste en importancia y REFLEJA la luz del Sol físico (reflejar supone adaptar).

Por eso el domicilio de la Luna (que representa la capacidad de adaptar y transformar la luz para que haya vida) es el primero (Cáncer), el que coincide con el solsticio (punto astronómico crucial del año).  Porque ella es en realidad la que hace posible que exista algo ya que convierte esa energía en una fuerza manejable. Es como en tu casa: con la electricidad transformada puedes hacer funcionar los electrodomésticos.  Si no te lo crees, pregunta a aquellos a los que les cayó un rayo sobre la casa. Y también por eso los luminares sólo pueden tener un domicilio, pues dichos luminares son el principio básico, el arquetipo original.

Con eso tenemos, en lenguaje astrológico, una versión nuestra de las tres hipóstasis plotinianas.  Lo que él llama el Uno, el Nous y el Alma, nosotros lo llamamos en astrología "Dios" (o el nombre que quieras), Sol y Luna.

Después, cada planeta va a tener dos domicilios por una sencilla razón: porque en el mundo toda cosa tiene su positivo y su negativo (como las pilas que pones en algunos aparatos).  Los planetas son símbolos de formas de adaptación de la luz/energía e, igual que en un átomo hay protones y electrones (positivo y negativo), los arquetipos planetarios también tienen sus dos maneras de expresar esa energía: la positiva (primer domicilio) y la negativa (segundo domicilio).  Obviamente, las palabras positivo y negativo se usan aquí sin connotaciones emocionales (no es que uno sea bueno y el otro malo).

No olvidemos que la dualidad es la base de todo el sistema astrológico: signos diurnos y nocturnos, secta solar y lunar, calor y humedad etc.  Los planetas tienen pues dos domicilios porque igual que hay signos diurnos y nocturnos, hay una forma de expresión de la energía diurna y otra nocturna.

2-¿Qué pasa si atribuimos algunos segundos domicilios a los planetas transaturninos quitándoselos a los planetas del septenario?

Esto tendría varias consecuencias:

domicilios_modificados.jpga-Se rompe el equilibrio (ver el dibujo adjunto.  Duele hasta de mirarlo de tan desbaratado que está): Mercurio y Venus seguirían teniendo dos domicilios (el lunar y el solar), mientras los planetas superiores sólo tendrían un domicilio.  Estaríamos diciendo pues que hay un tipo de energía que no tiene polaridad, que carece de dualidad.  Y eso no es así en el mundo: si hay blanco, hay negro; si hay calor, hay frío.

Y la dualidad es importante, porque si no hay dualidad, no hay vida, no hay ni siquiera nada.  Todo lo que existe puede cambiar y por eso existe.  Cambiar es pasar de un sitio a otro o de un estado a otro.  No puede haber en el mundo algo que no se transforma.  Hasta la piedra se transforma con sus variaciones.  No se puede hablar de temperatura, por ejemplo, si no hay una escala de variaciones de la temperatura.  No tener dualidad es no existir o, simplemente, ser Dios (lo único invariable).

b-Pero, si se sigue en ese camino de atribuir domicilios a los trans, aún quedaría la duda de por qué hay 9 planetas y no 12 (como 12 signos hay).  Con los telescopios actuales, es poco probable que se nos hayan despistado dos planetas.  ¿Por qué se quedó el sistema a medias si esto es así y sigue habiendo dos planetas con dos domicilios, funcionando de forma distinta de los demás? 

Algunos astrólogos se inventan nuevos regentes para esos signos (asteroides, la misma Tierra, o directamente planetas inventados), porque son conscientes de que el sistema, tal como lo plantean, está cojo.  Pero el problema lo han creado ellos atribuyendo esos domicilios a los planetas trans, porque el esquema original era sencillo y perfectamente equilibrado.

3-¿Qué hacemos con los trans?

Esto ya es a gusto de consumidor.  Uno puede usarlos o no usarlos.  En otro artículo planteé la hipótesis de que, a partir del Sol, los planetas funcionan por tríadas en las que uno tiene la carga positiva (cualidad elemental en grado sumo), el otro la negativa (ausencia de esa cualidad) y el del medio es el punto de equilibrio entre ambos.

Una tríada (Mercurio, Venus, Luna) sería la tríada interior, la que describe el sistema personal del individuo, la otra tríada sería la exterior (Marte, Júpiter, Saturno) y nos explica las relaciones del individuo con lo de fuera, con la sociedad, y la tríada de los trans (Urano, Neptuno, Plutón) sería la conexión de la especie, la tríada transgeneracional.  No cabe pues otra tríada.  Ya hay tres: personal, social y como especie.  La conexión con el TODO (que podría ser la cuarta tríada) ya estaría fuera de la astrología y sería algo común al universo entero. 

Remito al artículo citado pues no vale la pena repetirlo aquí.

En resumen:

Uno puede usar o no los trans, pero hay que tener mucho cuidado a la hora de atribuirles un signo como domicilio, quitándoselo a los planetas clásicos.  Se descompensa un sistema y se crean nuevos problemas teóricos de imposible solución.

Canals, a 30 de junio de 2016

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